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01/04/2006
La naturaleza y el funcionamiento de la mente
540401_1_2.jpgLa naturaleza y el funcionamiento de la mente
por el Lama Geshe Ngawang Sherap 
55830899_1.jpgEntender la naturaleza y el funcionamiento de la mente es de suprema importancia en nuestras vidas. La felicidad y el sufrimiento que experimentamos, incluso las experiencias externas con las que nos topamos en la vida es el reflejo de la mente misma.
Por ello, entender la verdadera naturaleza y función de la mente es fundamental para nosotros tendemos a buscar la felicidad y las causas del sufrimiento en el mundo exterior o en otras personas y lo que necesitamos entender es que lo que llamamos felicidad o infelicidad no surge realmente de las cosas, personas, acontecimientos y fenómenos que confrontamos, sino de las interpretaciones y modificaciones que la mente hace de ellos.
A cada cosa a la que le damos un nombre, a todo lo que experimentamos, le adjudicamos un valor: bueno o malo. y, si lo analizamos, nos daremos cuenta de que el mundo en sí no refleja realmente la cualidad de bueno o malo. Por ejemplo, usualmente disfrutamos de una comida deliciosa, pero si nos encontramos de mal humor o tristes, esa comida no nos va a parecer tan deliciosa. De igual manera, si estamos de muy buen humor o tenemos hambre, consideraremos deliciosas, incluso, comidas que jamás nos hubiesen gustado en otras circunstancias y que, por lo general, no nos gustan. Las cosas que nos parecen deliciosas o no, buenas o malas, no lo son en sí mismas, sino que nuestra apreciación dependerá de la manera con la cual nuestra mente las califica; es en nuestra mente donde lo consideramos bueno o malo.
Desde el comienzo mismo de nuestra vida hasta que dejamos esta existencia, nuestra poderosa mente ha estado trabajando tanto en lo negativo como en lo positivo. Mientras estamos bajo el poder positivo de la mente, más disfrutamos de la vida y somos felices. Si por el contrario, nos encontramos bajo la influencia del poder negativo de la mente, más estamos sufriendo. de allí la necesidad de comprender lo que ocurre en nuestra mente y observarla momento a momento.
Para ilustrar este punto, he aquí un ejemplo: por lo general, muchas filosofías, incluyendo el budismo, afirman que el universo en que vivimos es algo parecido a un sueño, que no existe ni como tal ni como lo percibimos. Sin embargo podríamos acotar que las montañas son muy concretas, pero aún así podría ser como en un sueño, que no es real, que no es verdadero. Examinemos el sueño en sí: para el individuo que sueña -el soñador-, todo lo que ve o siente durante ese sueño forma parte de dicho sueño; en la habitación en donde está durmiendo y soñando entran océanos y montañas; la habitación en sí es demasiado pequeña para contenerlos, sin embargo allí están y así lo experimenta. Cuando despierta, lo que experimentó durante el sueño ya no se encuentra allí, con él. De igual manera, lo que experimenta ahora, en este preciso momento, a saber:
La casa, la montaña, la calle, los automóviles... cuando duerme ya no existen. En el curso de toda nuestra vida oscilamos de la conciencia de vigilia a la del sueño (con o sin ensueño). Lo que experimentamos Durante la vigilia no está cuando soñamos, y lo que soñamos no está cuando estamos despiertos.
Todos los fenómenos del universo que experimentamos son sencillamente apariencias para la mente. Por lo tanto, si todo es apariencia para la mente, hay que seleccionar sólo las apariencias buenas y correctas y no dejar que aflore lo impuro y negativo que va a producirnos sufrimiento. Para algunas personas esto puede ser difícil de entender, porque pareciera que no tenemos manera de elegir lo que aflora a nuestra mente. Sin embargo, si analizamos esta premisa a fondo veremos, una vez más, que no es cierta. Por eso, cuando decidimos pensar específicamente en un amigo o en un evento, esto llega a nuestra mente: podemos escoger.
Vamos a recurrir a otro ejemplo: te encuentras en casa oyendo música o trabajando, y los niños están haciendo ruido. No quieres que los niños te fastidien pero ellos no lo entienden y comienzas a sentir desagrado por el ruido. Los niños siguen sin entender que el ruido te está molestando y tu desagrado va en aumento. Llega el momento en que esta molestia te va irritando más y más y, gradualmente, te enfadas. Al estar enfadado ya no lo estás con el ruido que están haciendo los niños, sino con los niños mismos. Hay muchos elementos entre los niños y tu persona, pero no entendiste el proceso y sólo tienes conciencia de los niños, de la rabia y de ti mismo. Si lograras observar el desarrollo del proceso, aunque es posible que no llegases a disfrutar del ruido, podrías llegar a ignorarlo y no enfadarte. en el momento en que te permites sentir desagrado por el ruido ya entraste en el proceso. En cambio, al observar todo, tienes libertad de elección y puedes decidir no molestarte por el ruido, mantenerte en paz con ese ruido y no enredarte en el proceso que te lleva al enfado.
Observemos, paso a paso, lo que ocurre antes de que nos enfademos. Al comienzo tenemos el ruido, observamos la molestia, vemos que no es gran cosa. Sin embargo el disgusto aumenta, nos ponemos incómodos, la incomodidad a su vez aumenta y, finalmente se vuelve insoportable. En ese momento el ruido se hace intolerable, como resultado de ello surge la rabia y comenzamos incluso a olvidar que amamos a esos niños. Es posible que cuando estamos de buen humor hasta disfrutemos el ruido que hacen y no nos guste que estén callados, quietos o demasiado silenciosos. Cuando estamos de mal humor, el ruido es el mismo que cuando estamos de buen humor. Cuando algo comienza a disgustarnos nos irrita, pero cuando nos gusta es agradable. Este tipo de análisis nos permite ver cómo alcanzamos ese momento en que nos enfadamos y cuáles son los pasos que nos llevan a sentir rabia. Cuando ya estamos rabiosos, es imposible darnos cuenta de cuáles fueron los pasos que nos llevaron a ello. Cuando estamos rabiosos, ni siquiera percibimos lo bellos que son los rostros de los niños e incluso olvidamos la relación que nos une a ellos. Así es cómo actuamos. y lo que hicieron los niños fue hacer un poco de ruido, lo demás lo creamos nosotros. Por lo general, es así cómo vamos creando las condiciones en las que finalmente nos encontramos. Por lo tanto, si somos felices debemos comprender que fuimos nosotros mismos quienes creamos esas condiciones.
Si nos quedamos quietos y examinamos cómo funciona la mente, veremos que las condiciones de nuestra vida son creadas por ella. Cuando la mente está quieta y controlada, incluso, lo que por lo general no nos gusta, será minimizado y llegaremos al punto en que no nos va a importar.
Muchas de las tradiciones espirituales sostienen que conocer la mente es la clave para lograr cualquiera meta que nos hayamos propuesto. Conocer y entender tu mente no requiere sino de paciencia y de la disposición para observar cómo funciona.
Debemos intentar encontrar situaciones que nos permitan establecer una relación amistosa con nuestra mente y para ello es necesario entender cómo funciona, así estará dispuesta a hacer lo que le pidamos. Comprender su verdadera naturaleza y su funcionamiento en diferentes situaciones nos permite establecer un control. y este control no implica obligarla a hacer algo, sólo lograr que entienda lo que debe hacer y cuán beneficioso es para nosotros. De igual manera, la llevamos a descartar lo que no nos va a dar un buen resultado.

La naturaleza y el funcionamiento de la mente
en el logro de la felicidad
Por: Lama Geshe Ngawang Sherap
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